La sequía que viene padeciendo el este de África, junto con los factores relacionados con la pobreza, la debilidad de las estructuras sociales y políticas, y los interminables conflictos armados de la zona han acabado por llevar a la población de varias zonas de Somalia a una situación desesperada que la ONU califica técnicamente como hambruna. Esta palabra, que en lenguaje coloquial puede indicar una situación de hambre generalizada sin más, es el nivel máximo de catástrofe humanitaria en el marco de cinco niveles que varias ONGs desarrollaron para evaluar la seguridad alimentaria de un país (Marco integrado de clasificación de seguridad alimentaria o IPC). Decir hambruna significa que las tasas de desnutrición aguda están por encima del 30%, que todo el ganado ha muerto, que más de dos de cada 10.000 personas mueren al día por hambre (como si en España estuvieran muriendo diariamente 8.000 personas al día) y que hay menos de 2100 kilocalorías y 4 litros de agua disponibles por persona y día.
Habrá quien piense, sin más, que la naturaleza ha dado la espalda a esta parte de África, pero lo cierto es que más allá de las casuas naturales la hambruna es ciertamente evitable. En 2009, un estudio publicado por Oxfam sobre Etipia y las regiones vecinas ya alertaba sobre las consecuencias de una sequía de esta magnitud y se preguntaba por las medidas que podrían evitar lo que ahora ocurre. Se reconoció en aquel momento que la ayuda humanitaria salva vidas pero no representa una solución rentable y que, en ausencia de otras medidas, apenas evita los efectos del siguiente golpe.
Desda Carumanda queremos hacernos eco de esta situación e invitarte a ti que visitas esta página a ahondar un poco más el lo que está ocurriendo.
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